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Prácticas rurales en Nonaspe

Última modificación
Mié , 25/10/2023 - 01:47

Enclavado en una terraza rocosa con vistas a la convergencia de los ríos Matarraña y Algars, Nonaspe se alza como un rincón de ensueño que abraza su entorno con cautivadoras panorámicas. Bajo el Programa Desafío-Arraigo, suscrito entre la Universidad de Zaragoza y la Diputación de Zaragoza, Nonaspe se ha convertido en el telón de fondo de la historia de Elena García, una estudiante de física, cuya presencia ha marcado el hito de ser la primera persona que llega a Nonaspe con este programa.

Elena ha venido a Nonaspe a aportar su granito de arena a la Fundació Amics, un grupo de voluntarios que insufla vida al pueblo a través de eventos y exposiciones que conservan sus recuerdos. Elena de normal trabaja en el Museo Etnológico, una joya con 25 espacios expositivos que destilan historia. Desde herramientas rústicas hasta una reconstrucción de la vida cotidiana de antaño. El museo es un crisol de la herencia local gracias a las donaciones desinteresadas de los lugareños.

La encomienda de Elena ha abarcado la amalgama entre la ciencia y el museo. Para la estudiante esta oportunidad ha sido muy gratificante ya que “de ciencia es complicado encontrar trabajos en el entorno rural”. Las primeras prácticas de Elena han sido “todo un éxito”, y más al encontrarlas fuera de un laboratorio: “Me gusta mucho la ciencia y poderla aplicar aquí, en los métodos cotidianos me interesa mucho”. Sus jornadas se han tejido con la escritura de documentos sobre objetos científicos, la indagación en procesos rudimentarios, la exploración de objetos conexos y todo lo que tiene que ver con la ciencia. La pasión por conservar la cultura palpita en sus esfuerzos por desentrañar el tejido de las tradiciones y descubrir la ciencia detrás de lo cotidiano. Con dedicación, forja el camino para que los Amics integren su conocimiento en el museo, a través de explicaciones, publicaciones en redes sociales, folletos y experiencias enriquecedoras. Incluso alguna vez, Elena ha ejercido como guía, compartiendo su sabiduría científica con los turistas que llegan.

Elena ha tenido mucha autonomía para hacer su trabajo y ha pensado y hecho su propia metodología y rutinas en base a las actividades y al ritmo que siguen los Amics. Ella ha notado que ha madurado laboral y personalmente y ha estado “muy contenta con la libertad que me han dejado”. Los primeros días Elena iba por las salas para saber qué podría investigar y se “sorprendió” de la cantidad de objetos que había relacionados con la ciencia de los que podía hablar. “Al principio no me esperaba desarrollar tanto”, comenta con una risa. “A veces se piensa que lo más cotidiano y rudimentario no tiene mucho, pero da mucho de que investigar y hablar”, añade.

Su travesía por Nonaspe ha sido efímera, pero Elena se lleva un gran recuerdo. Toda la comarca y la Fundació Amics la han acogido muy bien y con ellos ha hecho “diferentes actividades durante todo el verano”. Ella tiene claro que repetiría e invita a el resto de estudiantado de la universidad a empaparse de este programa: “Que se animen. Entre todos los pueblos que se ofertan, seguro que encuentran algo que les guste. Ya no es solo por el trabajo, porque está muy bien aplicar todo lo que aprendemos, sino por salir fuera de la ciudad y conocer sitios que no son tan conocidos pero que son muy interesantes y que están cerca de Zaragoza”. En Nonaspe, Elena ha dejado su huella en la perseveración de los hilos de memoria de la localidad. Su historia es un recordatorio de que incluso en los lugares más alejados de la provincia, la pasión y el conocimiento por la ciencia pueden florecer, enriqueciendo a comunidades que atesoran sus raíces y miran hacia el futuro.