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Prácticas rurales en Romanos

Última modificación
Mié , 25/10/2023 - 01:47

A ritmo de Rafael, Sofía Benedí se va a caminar junto a Nati por los serenos caminos del jardín, donde ocas, patos y gallinas danzan al compás de la vida que fluye por la Residencia Campo Romanos. Un lugar que no solo alberga a 29 ancianos con historias invaluables, sino que se ha convertido en un faro de esperanza para los jóvenes que desean forjar su futuro en el entorno rural.

El Convenio Desafío–Arraigo, suscrito entre la Universidad de Zaragoza y la Diputación Provincial de Zaragoza, ha avivado el alma de Sofía por permanecer en lo rural. La estudiante del grado en fisioterapia lo ha tenido claro desde el principio: “Yo siempre he vivido en un pueblo y la beca es una buena oportunidad para venir a sitios donde ya casi no queda gente, y si aquí puedes desarrollar lo que te gusta …”, declara con determinación.

Ese rincón limítrofe entre Zaragoza y Teruel ha abrazado con calidez a Sofía. Aunque al principio, el cambio a este "pueblo más rural" que su hogar natal, supuso un desafío, su valentía y el paso de los días ha hecho que Sofia se sienta “muy bien integrada y muy romana”. Campo de Romanos es una tierra marcada por la reconquista y la guerra de los Dos Pedros, donde su joya más preciada, la torre mudéjar, honrada por la UNESCO como Patrimonio Mundial, ha sido mudo testigo de épocas gloriosas para esta localidad.

El paso de Sofía por la residencia ha colmado su alma de una plenitud indescriptible. "Me lo paso muy bien con todos ellos. Hay muy buen rollo en la residencia", confiesa con una sonrisa que traspasa las palabras. Junto a sus compañeras, forjando lazos que entrelazan vidas, realiza actividades que rompen con la monotonía para regalarles momentos de alegría y bienestar a cada uno de ellos. Un día en la piscina, otro pintando, otro de paseo y otro jugando con globos…todo tipo de actividades psicomotrices en los que desborda la creatividad y laten fuerte los corazones de los ancianos.

El tiempo parece detenerse en este idílico paraje, donde Sofía comparte sus días con seres que tienen el don de convertir instantes simples en recuerdos eternos. Paseando por los jardines junto a Manuel, sintiendo los picotazos de las ocas, ayudando a Juan en el huerto o escuchando las historias de los nietos de Hermitas mientras entretejen cuerdas. Incluso aquí se fraguan emocionantes partidos de tenis con gayatas y muletas que desatan risas contagiosas que flotan en el aire de la residencia.

La estudiante, que iba a la búsqueda de nuevas experiencias se ha encontrado con que se le ha despertado su vocación; quería “coger más experiencia para un futuro, para la carrera y para probar nuevas especialidades, y aunque le “gustaría probar más cosas”, la geriatría le ha dejado “muy contenta y con el corazón lleno”.  

La presencia de Sofía (y otros universitarios) ha supuesto un aumento de los jóvenes en el pueblo y ha insuflado nueva vida en la comunidad. "Siempre he dicho que me encantaría vivir en un pueblo, y aquí tenemos oportunidades únicas que no se encuentran en la vida urbana", expone con seguridad. Y es que iniciativas como la que lideró su tutora, Marta Reinares, quien recibió el prestigioso premio de excelencia a la innovación para mujeres rurales hace 5 años, han sido fundamentales para hacer realidad las prácticas de Sofía, así como la de otros jóvenes.